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Cordoba, Argentina

EL CINE SONORO – DEL 30 AL 40

La llegada del cine sonoro fue un golpe duro para muchas luminarias del cine mudo que vieron de repente tambalear su permanencia en la industria. De hecho todas se vieron sometidas a pruebas de voz y aunque la mayoría la pasó con éxito, fue inevitable para otras quedar en el camino. El propio Charles Chaplin se negó rotundamente a hablar en dos películas “Luces de la ciudad” (1931) y “Tiempos modernos” (1936) por no considerarlo de validez artística. Había mucha resistencia de algunos sectores, sin embargo su famosa parodia y crítica de Adolf Hitler conocida como “El gran dictador” (1941) no solo fue una gran actuación sino que tuvo mucho éxito y en ella habló unos 7 minutos.

Es decir que el paso del cine mudo al sonoro significó no solo un nuevo comienzo, sino un avance en el lenguaje visual, una nueva forma de expresión donde salió a luz el espíritu innovador y creativo de sus directores y todo el equipo de trabajo donde debían reconciliar lo real con lo irreal, por ejemplo: sincronizar la grabación exacta de las palabras y el sonido con la imagen de lo que hoy llamamos “doblaje”, todos los trucos que se llevan a cabo en una isla de edición para que su producto final sea un conjunto armonioso. Algo que no existía en el cine mudo que era hasta entonces, una unidad armoniosa.

Por otro lado, el cine sonoro mostró su rentabilidad cuando de repente el público no solo lo acepto sino que hubo una enorme demanda. Fue el fin del cine mudo. Hasta los dueños de las salas debieron hacer adaptaciones y muchas películas que empezaron siendo mudas, se sonorizaron. Los actores entraron en pánico ante la posibilidad de ver el fin de sus carreras y tenían razón. Muchos desaparecieron (Buster Keaton, John Barrymoore).

El cine de los años 30 fue una vía de escape para el público. Eran los tiempos de la gran depresión en EE UU y de la pre-guerra y por ende el nacimiento del cine fantástico que evadía al espectador de la realidad (King Kong, Dr Frankestein, La momia) aunque Hollywood a modo de equilibrio abrió sus puertas al cine europeo, ya que estas eran más realistas (El angel azul). Es a partir de allí donde surgen nuevas estrellas como Marlene Dietrich.

Se puede decir entonces que el cine de los años 30 fue el comienzo del cine sonoro, de lo real con lo irreal, la armoniosa combinación del sonido con la imagen.

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The arrival of the “talkies” was a hard blow for many stars of the mute cinema who saw their permanency staggered in the industry. They all submitted to voice tests and even though most of them passed it successfully, it was unavoidable that others would lose their positions. Charles Chaplin himself refused to speak entirely in two movies ” Lights of the City ” (1931) and ” Modern Times ” (1936) as he considered them of no artistic validity.
There was much resistance from some sectors, nevertheless his critique and famous parody of Adolf Hitler’s known as ” The Great Dictator ” (1941), in which he he spoke approximately 7 minutes, was not only a great performance but also very successful.

Therefore the step from the mute cinema to the sound one meant not only a new beginning, but an advance in the visual language, a new form of expression where there came to light the innovative and creative spirit of their directors and the whole team where they had to reconcile the real thing with the unreal thing. For example: to synchronize the exact recording of the words and the sound with the image (in what today we are called “dubbing”), all the tricks must be carried out in an island of editing in order that the final product will be a harmonious set. This is something that did not exist in the mute cinema that was until then a harmonious unit.

On the other hand, the sound cinema showed its profitability when suddenly the public not only accepted, but there was an enormous demand. It was the end of the mute cinema. The owners of the theaters made adjustments, and added soundtracks to many movies that started out mute. The actors panicked at the possibility of seeing the end of their careers and they had reason. Many of them disappeared (Buster Keaton, John Barrymoore).

The cinema in the 30s was a route of escape for the public. They were the times of the great depression in the USA and of the pre-war. At the same time it was the birth of the fantastic cinema through which spectators could avoid reality (King Kong, Dr Frankestein, The Mummy). Hollywood liked balance, though, and opened its doors to the European cinema, since these films were more realistic (The Blue Angel). It is from there that new stars arose like Marlene Dietrich.

It is possible to say then that the cinema in the 30s was the beginning of the sound cinema, of the real thing with the unreal thing, the harmonious combination of the sound with the image.